MAZE RUNNER y THE EQUALIZER

Al ver la película Maze Runner te preguntas ¿Qué te hace diferente a las demás personas?

En Maze Runner la adrenalina se desborda incesantemente sin permitir que te apartes de la pantalla. La historia fluye con rapidez y va resolviendo incógnitas a pasos apresurados.

Esta presentación ágil te involucra de inmediato y suaviza la sensación claustrofóbica, propia de un escenario que se torna misterioso de día y escalofriante de noche.

Supongo que debe ser muy difícil abrir los ojos sin recordar tu nombre, tus padres, tu hogar; despertar sin tener la menor idea dónde te encuentras; recuperar el sentido ignorando cuál es el camino para salir de una singular pesadilla.

Supongo que debe ser triste carecer de una identidad, una historia, un destino. En ese contexto el ser humano es bueno por naturaleza. Cuestionar sus actos y decisiones requiere un análisis más profundo de lo cotidiano.

Supongo que debe ser intrigante descubrir quién tiene el poder para manipular tu mente, para ponerte a prueba, para disponer de tu vida. En esta historia es necesario pensar con frialdad y astucia, es indispensable ser lo suficientemente temerario para hacer la diferencia.

Maze Runner es correr o morir, es arriesgarte, es hacer gala de tu curiosidad e inteligencia; es un reto a tu carácter, a tu capacidad física, a tu equilibrio emocional; es tolerancia, solidaridad, paciencia, liderazgo; es un modelo de organización social basado en el sentido común, con reglas básicas susceptibles del fracaso, y que bajo las condiciones planteadas ha sobrevivido considerablemente.

¿Te atreves a entrar en el laberinto, enfrentar lo desconocido, paliar la incertidumbre, encontrar “the exit” con todos los riesgos implícitos?… Así es Maze Runner.

Por otro lado, en la película The Equalizer se plantea la siguiente hipótesis: Dos razones motivan tu visita frecuente a un café restaurante estilo “BRIDGE DINNER”: disfrutar el menú y satisfacer tu necesidad de calorías, grasas y endulzantes, o saborear un delicioso café mientras te sumerges en las páginas de alguno de los 100 libros que por alguna razón te propusiste leer en esta vida.

O mejor aún, rompes el protocolo y eliges una tercera razón: platicar con una linda joven rusa, y sin prejuicio alguno, intercambiar puntos de vista sobre asuntos aparentemente superficiales, cuando en realidad, la metáfora encuentra en esos diálogos un gran escaparate.

The Equalizer es un justiciero en la jungla urbana, donde la mafia de todos los niveles y la corrupción policial comparten y disputan un paraíso de poder y de dinero, muchísimo dinero.

The Equalizer se desenvuelve en un medio laboral donde se conduce generoso y cordial con personas socialmente vulnerables, es una buena persona, pero el destino lo coloca en el papel de una etapa que creía concluida. No obstante, el viejo tiene que ser el viejo y el pez tiene que ser el pez.

Y ante los abusos, The Equalizer actúa con solidaridad, con precisión, con limpieza, con inteligencia, con frialdad, con furia, y por supuesto, con justicia.

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