CRUZANDO EL PUENTE

Cuando Yayis cruzó el Río Bravo solo una cosa tenía en mente, regresar por su niño que dejaba al cuidado de un familiar. Y es que con 23 años, trabajando de empleada, con un salario donde la mitad se va en pagar el transporte público, sola y con la responsabilidad completa de un menor, vivir en este país es casi un suicidio. Yayis es de una zona llamada el Poniente, donde la mayoría de las mujeres están destinadas a juntarse o casarse con un muchacho que tarde que temprano las dejaran porque ellos emigran a buscar mejor vida; algunas tienen la suerte de que les manden remesas para mejorar la vivienda, para comer y vestirse mejor, para una buena troca, pero no todas son afortunadas. Más de un año, tardo en volver a juntar dólares para qué el coyote le llevara a su niño. El día que inicio el viaje de reencuentro empezó a volar la moneda en el aire, o tenía la suerte de llegar al destino, o quedaba atrapado en los interminables riesgos que tiene el cruce de la frontera. A veces el amor filial y la fe, todo lo pueden.


Y es que cada día crece la emigración infantil dentro del municipio, niños y niñas sin ninguna garantía son transportados fuera del país con o sin sus madres, también cada vez hay más menores que son dejados al cuidado de la abuela o algún pariente, teniendo la posibilidad de que las madres al igual que los hombres, rehagan su vida familiar en los Estados Unidos, tengan más familia, adquieran bienes y regresar al pueblo sea un deseo muy lejano.
El reconocimiento de los derechos de las mujeres y el empoderamiento económico ha propiciado que ellas ya no se resignen al destino de la pobreza, buscan hasta donde encuentren verdaderos cambios, por eso hay andan limpiando casas, en la jardinería, en la construcción, de lavalozas, sin derechos laborales, de salud, de vivienda, sin boleto de regreso a casa. Solas, unas con la aspiración y otras con la certeza, de que la ausencia y la lejanía valen la pena. Por qué no hay madres que no busquen el bienestar de su familia; la violencia física, psicológica, económica, laboral en la que permanentemente cohabitan las mujeres, las empujan a resistir el cuestionamiento social, los retos de vivir en tierra ajena y el hambre de cambiar para bien su entorno. Casi todas lo logran y los costos buenos o malos, cada una los asume. porque también es claro que no todo es miel sobre hojuelas.
Yayis ya es una triunfadora, porque el primer requisito para ello es saber trabajar bonito; el día que su niño tocó la puerta de su nueva casa, supo que lo sufrido le hacía los mandados. Ella ya era una reina, las casas que limpiaba, los interminables fríos y los comidas fritas y huecas eran nada, teniendo su niño a su lado.
Así que, sí la ve feliz, sepa que no fue de a gratis.

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