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miércoles, agosto 10, 2022
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Y SI LA VOLUNTAD POPULAR LO DEMANDA…

Cuando un político tradicional necesita financiamiento para solventar los gastos de sus aspiraciones, cuando está en busca de una candidatura, cuando no tiene seguidores, cuando nadie lo toma en serio, entonces recibe a toda persona sin antesala, acepta cualquier ayuda en especie, cede ante cualquier colaboración, pero en cuanto alcanza el presupuesto público, no concede audiencias, aplaza los compromisos, se jacta de no necesitar asesoría de ninguna materia porque él lo sabe todo, lo entiende todo y lo puede todo.   

Cuando un político tradicional necesita la presencia de medios de comunicación para dar a conocer sus proyectos a toda la sociedad, resalta la importancia del derecho a la información y de la libertad de expresión, y, por tanto, convenientemente se olvida de las veces que dejó en espera a los reporteros, que les negó la entrevista, o que ignoró sus preguntas.

Cuando un político tradicional asiste a un evento público: saluda a todos de mano, de puño y hasta de abrazo; expone su sonrisa de oreja a oreja; aplaude hasta enrojecer sus manos; anima con palmaditas a sus acompañantes; hace chistes para el conglomerado; busca las cámaras para ofrecer su mejor perfil; y acepta tomarse fotos con todo mundo; pero ya en su oficina es un auténtico energúmeno que grita, que manotea, que humilla, que no entiende razones, que a veces ni saluda, y trata a sus propios colaboradores con el látigo de su desprecio.

Cuando un político tradicional encuentra por casualidad un hecho notoriamente relevante, algo que se encuentre en primera plana, en trending topic, en conversaciones de café, algo que de forma súbita se posicionó en los temas públicos, entonces lo toma como un reflector oportuno para darle luz a su imagen, aprovecha que todas las miradas están momentáneamente concentradas en ese hecho, para salir al escenario con “opiniones inteligentes”, que siempre estarán respaldando el sentir de las mayorías.

Cuando un político tradicional carece de discurso, cuando no tiene ni remota idea de las atribuciones del cargo al que aspira o del cargo que ejerce, entonces recurre a las falsas promesas, y para hacer falsas promesas, tiene que dirigirse a la gente con un discurso repleto de inconsistencias, tiene que decir que todo está mal hecho y que sólo él lo puede mejorar, y aunque sus mentiras sean numerosas e insostenibles, lo peor del asunto es que ese discurso funciona, y gana elecciones.

Cuando un político tradicional descubre las mieles del poder público; cuando disfruta de tener a su servicio recursos humanos, materiales y financieros; cuando experimenta el trato preferente; cuando se engolosina dictando órdenes caprichosas; cuando descubre que puede continuar indefinidamente en la misma tesitura, con la simulación más descarada que extrañamente pasa desapercibida por la multitud, entonces ese político tradicional “humildemente” invocará que se adhiere al reclamo de la voluntad general, y que por amor a su municipio o a su distrito, está disponible para ocupar por varios periodos el mismo cargo de elección popular, porque en su mente chiquita no cabe la idea de que alguien más preparado o más experimentado pueda ocupar ese lugar.

Y en consecuencia, con esa manipulación de los hechos por políticos tradicionales, tenemos frente a nosotros a eternos candidatos que continúan en campaña, sin ocuparse de sus obligaciones, sin contribuir al servicio público, sin aportar a la sociedad, sin superarse a sí mismos, sin cumplir con sus electores, sin mejorar la administración pública, sin entender que la democracia implica la participación de todos y el relevo constante de servidores públicos. Debemos considerar con toda seriedad, que la reelección constituyó un severo retroceso político.

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