De la película ROMA, del Director Alfonso Cuarón, se dijo todo, e independientemente del premio Oscar, su éxito fue irrefutable, y su contenido seguirá siendo referencia para el análisis socio-político de aquél México de los años setenta, y su personaje central seguirá siendo digno de la reflexión colectiva.
Es lógico creer que la historia únicamente se enfoca en reivindicar el trabajo de las empleadas domésticas, porque esa fue la idea más difundida, sin embargo, para los críticos del sistema y para los verdaderos amantes del cine de calidad, la historia abarca mucho más y llega más lejos.
Te puede gustar la sencillez y humildad del personaje de Cleo, porque es una mujer que se comunica con respeto, timidez, y transparencia. Una mujer que entiende y disfruta del lenguaje infantil, que gusta de la diversión sana en medio de la modernidad urbana, que actúa pensando en los demás, que se enamora ciega y plenamente. Una mujer que reflexiona sobre su ser, sobre el medio que le rodea, y sobre el futuro que se avecina. Una mujer que se fortalece con la adversidad…
Te puede gustar la musicalización de la historia, porque es un deleite ver las escenas en blanco y negro, escuchando a Leo Dan, Juan Gabriel, José José…
Te pueden gustar las locaciones, porque va de la rutina hogareña familiar, a la agitada calle citadina, al olvidado cinturón de miseria, al disputado campo mexicano, a la calurosa playa escenario del clímax…
Te puede gustar la historia, porque tiene una interesante forma de intercalar sucesos sociales relevantes en el país, que van de la mano con un momento crucial en la vida de Cleo.
En Roma encuentras una película no condicionada a los intereses taquilleros y la rentabilidad de la dulcería; una película no supeditada a los caprichos de una diva o la imposición de una estrella famosa.
En Roma encuentras una película plagada de detalles visuales y auditivos, donde los personajes se expresan no sólo con palabras, donde el espectador tiene la oportunidad de ver, escuchar, sentir, e involucrarse con la historia, donde lo importante no es el final…
Lo importante para el espectador es descubrir que también él lleva en su ser, alguna historia de profunda reflexión, que a pesar de no aparecer en la pantalla grande, también merece ser contada. Lo importante para el espectador es visualizar una historia de vida, sin prejuicios, sin lucha de clases, sin fanatismos, y entender que cada persona, por sencilla, común e insignificante que a algunos les parezca, es única e irrepetible, y de un valor incalculable.

