¿Y qué tiene qué ver en todo esto el “Brincos Dieras”?
Profesor Felipe de Jesús Cervantes Pérez.
Denigrante, fue la palabra que se vino a mi mente; lamentable, lo menos.
Un niño de primaria, tal vez de cuarto grado pero pudo ser de cualquiera, avanza de rodillas, suplicante, con las manos unidas y extendidos los brazos, hacia el ciudadano, no político insiste él, que les ofrecía obsequios.
Exhibidos en video por el visitante “ciudadano”, otros niños más son expuestos de manera burda: llorando uno en respaldo de “la niña mas necesitada de su escuela”, llorando otro porque recibía un celular, regalando aquel su bicicleta a otra niña mientras él recibía una bicicleta “más mejor” de manos del “desinteresado” “ciudadano”, y el resto demostrando al benefactor reciprocidad entregándole sus monedas del lonche porque también son “buenos como él”.
Monetizada la bondad, mercantilizados los sentimientos.
Eres bueno porque das cosas materiales, es la lección del día.
¡A la pucha! dirían en la América sureña.
La explotación abusiva de la sensibilidad infantil en su apogeo.
Poderoso caballero es don Dinero, satirizaba el español Francisco de Quevedo, para referirse a la disposición social en torno de quien lo posea.
No cualquiera puede participar en una sana competencia política, aún y tenga las mejores intenciones, las mejores propuestas, capacidad probada, honestidad a toda prueba, si no va acompañado del poderoso caballero don Dinero.
Un político pobre, es un pobre político, pues.
Fue en Tamazunchale pero pudo haber sido en cualquier municipio.
Y se armó el merequetengue entre el ciudadano, no político, José Luis Romero Calzada, conocido como el Tekmol, y el Secretario de Educación Juan Carlos Torres Cedillo.
Señala el Tekmol que como ciudadano, no como político, insiste, puede entrar a las escuelas públicas.
El ex candidato a gobernador, el ex candidato a presidente municipal, el ex diputado local, el ex regidor, pretende entrar a las escuelas como simple “ciudadano”, tan simple como cualquiera, pero con espejitos y cuentas de vidrio en mano.
Sólo por ayudar y sin interés político electoral de por medio.
Así lo afirma porque no lleva los colores de algún partido.
Tampoco es tiempo de elecciones, arguye.
Recordé el meme de una niña, misma que, mirando de lado a su interlocutora pregunta: “¿me quieres ver la cara de estúpida?”
Tan claro como tenemos que el gobernador hace negocios al amparo del poder, igual queda la certeza de la impostura del “ciudadano” buena onda.
Si alguien cree que no lleva intencionalidad política, sería algo mas que ingenuo; estaría ajeno a un mundo en el que el más calvo se hace trenzas, donde el más chimuelo masca clavos.
Tal vez haya quien crea que, a la bondadosa repartición de regalos, suficientemente difundida en las redes del desinteresado ciudadano, no le seguirá la intención de buscar votos para sí o para alguien más.
No es caso único.
También aparecen quienes acuden a las comunidades, instalan un inmenso toldo acompañado de un buen sonido, e invitan a los pobladores a acercarse a escuchar un mensaje y, por supuesto, como santaclós fuera de temporada, cargado de enseres y juguetes.
Como moscas tras la miel llegan los oyentes a un evento que será difundido en redes. Van junto con pegado, faltaba más.
Pero llegue cualquier ciudadano sin nada más que un mensaje de superación, de unidad, de solidaridad, hasta de salvación, vamos, pero sin regalitos de por medio, a ver cuántas almas se le juntan.
Para fortuna de las buenas costumbres, el secretario de educación, Torres Cedillo, fiel garante de las normas y los derechos de los educandos, ha salido al paso.
Pregonó: “No vamos a permitir que alguien haga proselitismo político con niños de primaria, no es lo correcto, hay los espacios y los lugares para hacerlo”.
Invitó al Tekmol: “invito a esta persona, si es el caso que quiera una promoción política, pues que lo haga y si quiere ayudar pues también que lo haga a través de los canales”.
Refirió que en algunas escuelas sí hubo el permiso, justificando que fue por desconocimiento pues les prometen un beneficio para repartir algunas cosas y entonces los compañeros acceden de una manera inocente y permiten el acceso de esta persona.
Aseguró que ya había un proceso jurídico porque en una escuela adscrita a SEGE sencillamente ingresaron con engaños.
A mi parecer, sólo le faltó reconocer una verdad de a kilo para culminar diciendo que nadie puede usar los espacios escolares para promoción política porque el único que tiene la potestad es el gobernador.
Por más inmoral e indebido que sea, por más incorrecto que resulte.
Para eso es el gobernador, pos éstos.
Puede pintar de verde los espacios escolares, desde jardines de niños hasta universidades, pasando por primarias, secundarias, bachilleratos, porque puede y porque quiere.
Puede entregar mochilas, uniformes, calzado, despensas, pintadas de verde porque puede y porque quiere.
Puede acarrear estudiantes como relleno en eventos medio vacíos, también porque puede y porque quiere.
Y puede acudir a inaugurar o entregar obras o remiendos a las escuelas y soltarse con discursos ajenos a los estudiantes en los que no faltan las alusiones a “la maldita herencia”, salpicadas con frases que son de uso común entre el vulgo porque se siente así más identificado con la gente.
Puede amenazar a las madres y a los padres de familia asistentes con mejor llevarse los apoyos a otras escuelas o comunidades porque siente que no le aplauden lo suficiente o porque no le festejan sus gracejadas, definidas como payasadas o bufonadas de mal gusto.
Hasta puede referirse a la planta docente de manera despectiva.
Para eso es el gobernador.
Brincos Dieras es el payaso del momento y no puedo evitar pensarlo cuando escucho los discursos del gobernador en los centros escolares.
Maestras y maestros, así como el personal de apoyo y directivo, se las saben también, pero también conocen que la norma interna señala que no se debe utilizar lenguaje inapropiado o grosero a los estudiantes.
Estimo que el gobernador, poco letrado por lo que se le ve, montado en su soberbia, no tendría por qué conocer de normas de comportamiento.
Para éso está el señor secretario, para enmendar a la autoridad la plana, tal como hace con el desinteresado y magnánimo Romero Calzada, manipulador de la sensibilidad infantil a cambio de réditos político electorales.
En el poema “Cheque por cien mil afanes”, entre los versos de un padre a su hijo, aparecen éstos: “nunca en mis afanes por verte contento he trazado signos de tanto por ciento”.
Lo anterior aplica al amor desinteresado pero no, por cierto, a ningún político que en sus afanes lleva implícito el rédito electoral.
Finalmente, la planta docente debiera abstenerse de entrar en berenjenales convirtiendo a las escuelas en centro de disputas políticas, porque el universo de padres de familia es muy plural y diverso. No faltarán quienes, por sí mismos o por intereses políticos opuestos, levanten la voz en contra.
Pero qué necesidad.


