LA CARRERA POR LA GUBERNATURA POTOSINA.
EL RETO DE MORENA EN SAN LUIS POTOSÍ.
Todo puede pasar.Previo al 2021 nadie podía imaginar que Mónica Liliana sería la abanderada del partido guinda rompiendo la alianza con la familia Gallardo; una priista de cepa con mala fama.
Cuando aún no se daban las definiciones, las encuestas concedían al partido Morena el mayor porcentaje de aceptación.
El futuro del gobierno se empezó a escribir dos años antes, cuando Ricardo Gallardo hijo y Héctor Serrano Cortez eran diputados federales y Mario Delgado fungía como Coordinador de los morenistas. Mario, sin mayoría calificada, tenía la tarea de sacar adelante las reformas constitucionales impulsadas por AMLO.
La bancada del PRD contaba con 19 diputados y Gallardo era su coordinador.Quedaron con 10 pues Gallardo y Serrano se llevaron otros siete, entre ellos Mauricio Toledo, hoy fugado en Chile.
Diciendo Gallardo que dejaba al PRD porque los tiempos de dios son perfectos, se declararon diputados independientes.
Con el tiempo algunos se pasaron al Verde y otros al PT.
A cambio de traicionar a los amarillos recibieron la promesa de hacerse del gobierno de San Luis Potosí, aspiración truncada para Gallardo en 2015 cuando fue encarcelado.Gallardo y Serrano, con todo el séquito de ambos, gozan desde el 2021 el fruto de ese acuerdo despachando como sultanes en los poderes ejecutivo y legislativo.
La gubernatura potosina, pues, se definió 2 años antes contando con el rechazo de gran parte de militantes y simpatizantes guindas.Igual pasa ahora con la descarada campaña adelantada de Ruth González.
Las encuestas, como en el pasado inmediato, ponen a Morena en primer lugar sin candidato definido.
El rechazo guinda a la llamada gallardía sigue, pero ya no hay compromiso político.
Ni Luisa María Alcalde es Mario Delgado, ni Sheinbaum Pardo es AMLO.
Con Mario Delgado hubo ruptura local contra acuerdo nacional.
Con Alcalde hay ruptura y sin acuerdo.La soberbia del gobernador le ha construido mayor animadversión en la cúpula de Morena, sin contar que Héctor Serrano, como Mauricio Toledo, son verdaderos impresentables para la presidenta a quien confrontaron de manera violenta durante la campaña de 2018 por la Ciudad de México.
Ver a Héctor Serrano posicionado en San Luis Potosí no debe causar gracia alguna a la presidenta.
El proceso por la senaduría mostró que el gobernador no es de fiar.
A pesar que acompañó a la aspirante morenista Rita Ozalia con su alfil Ignacio Segura, operaron para desbarrancarla y dejarla fuera del Senado.
Azuzaron sus huestes contra los morenistas en eventos públicos aún frente a la propia doctora Sheinbaum.
El desprecio del ensoberbecido Gallardo alcanzó a dejarlo mal parado con las dos mujeres más poderosas del gobierno: la presidenta y la secretaria de gobernación.
Y la secretaria de gobernación es agraviada por ser hermana de la derrotada Rita Ozalia.
Durante la campaña de las fichas de Morena fue notorio, para quien supo verlo, el disimulado respaldo de Gallardo para Adán Augusto; y Rosa Icela no es Adán Augusto.
El Partido Verde se cuece aparte.Obtuvo su primera gubernatura en Chiapas y, al terminarse el sexenio, prestaron sus siglas como franquicia a Ricardo Gallardo en un convenio de mutuo interés.
Pero no son suicidas.Si algo han aprendido es lo rentable que resulta estar bien con el de mero arriba.Ahora es la de mero arriba.
El desencuentro del Verde nacional con Morena toca la situación de Tamaulipas, pero no de San Luis Potosí.
Creo que no habrá ruptura entre el Partido Verde y Morena, al menos, no en tierra tunera, contando con Zacatecas y Guerrero como posibles moneda de cambio para los verdes quienes retirarían su franquicia a Gallardo para apoyar a la propuesta guinda en San Luis.Hay señales.
El 1 de septiembre, durante el primer informe presidencial, Gallardo aprovechó para tomarse la foto con los dos gobernadores del PRI, Coahuila y Durango, con el de MC, Nuevo León y con una panista; dos de Morena, Sinaloa y Baja California, completaban el cuadro.
El 2 de septiembre la presidenta publicaba una fotografía con gobernadoras y gobernadores del país comentando que habían acordado fortalecer la coordinación para mantener la disminución de delitos en el país, además de agradecerles por su apoyo y asistencia al Primer Informe de Gobierno y al Consejo Nacional de Seguridad Pública.
Ricardo Gallardo no fue invitado a la fotografía oficial en las escalinatas de Palacio; en su lugar, publicaba fotografías de una reunión con Mario Delgado.
Su antiguo aliado le servía como distractor y excusa.
El pasado 3 de septiembre el gobernador publicaba en redes: “si supieras toda la magia que te espera adelante, no te dolería tanto dejar atrás lo que ya no funciona. Rgoficial”.
Después de tales desaires, el 8 de septiembre, ratificaba sus declaraciones de finales de junio en las que no descarta una posible alianza con MC, PAN y PRI, pues de no concretarse con el PT y Morena, no se quedaría de brazos cruzados.
Resaltó que el de él es un movimiento, el gallardismo dijo, que no es partido político y que funcionó con el PRD y mejor con el PVEM, presumiendo que “la canción que nos pongan, la canción que bailamos”.
Si Gallardo no se doblega frente a Morena, la estrategia oficialista consistirá en buscar el acordar que el PVEM le retire la franquicia, recibiendo los verdes, a cambio,el gobierno de otra entidad y respaldando al de Morena.
Por lo visto, esa maniobra está en camino con una campaña de medios para pegarle al gobernador y, de ser necesario, queda la opción de desempolvar antiguos expedientes o sacar nuevos para ajusticiarle.
En medio del torbellino, Gallardo redobla el paso para vender caro un posible acuerdo electoral que lo incluya o vender cara la derrota si va en rebeldía.
Sobre las o los posibles de Morena para abanderar la alianza, se ha mencionado a las hermanas Rodríguez Velázquez, Rosa Icela o Rita Ozalia, en ese orden.Quienes creen que la secretaria de gobernación no cambiaría lo más por lo menos, deberían considerar el futurismo presidencial con miras al 2030.
AMLO tuvo en gobernación a la ex ministra Olga Sánchez Cordero y la sustituyó con Adán Augusto que a la postre le sirvió durante la contienda de las corcholatas.
La presidenta Sheinbaum conservaría a Rosa Icela si la considera carta fuerte para la presidencial del 2030, pero Martí Batres o García Harfuch tienen mayores posibilidades.
Quien fuera de ellos, sería llamado a gobernación y, en ese supuesto, Rosa Icela llegaría como candidata de Morena siempre y cuando a Gallardo lo anularan previamente pues no correrían el riesgo de una derrota frente a Gallardo porque sería muestra de debilidad presidencial el que un gobernador le ganara a la presidenta, representada ésta por su hoy brazo derecho, la secretaria de gobernación o su hermana. Impensable.
Allí se abriría el abanico.Si la lucha contra Gallardo, acompañado o no por el PVEM, entrañara el mínimo riesgo, entonces cualquier cosa podría suceder porque llevarían de candidato a alguien que, de perder, no implicara una derrota directa de la presidenta.
Con esa intención Enrique Galindo, alcalde capitalino, estaría más que apuntado.
No en balde ya tiene equipos de trabajo en formación para buscar la gubernatura por Morena.
Mónica Liliana fue candidata para perder; Galindo sería para disputar en serio y ganar, sin el riesgo de que una derrota resultara fatal para la doctora Sheinbaum.
Las primeras gubernaturas ganadas, con AMLO como dirigente de la izquierda, fueron con abanderados de reciente filiación priísta invitados por él.
En 1998 Leonel Cota Montaño gana Baja California Sur, pero recién había sido presidente municipal por el PRI.
Alfonso Sánchez Anaya, en Tlaxcala, era diputado federal por el PRI de 1994 a 1997 y para 1998 gana la gubernatura por el PRD, PT y PVEM.
En Zacatecas, Ricardo Monreal Ávila era diputado federal en 1997 por el PRI y para el año siguiente llega a la gubernatura por el PRD.
Tres gubernaturas ganadas por AMLO en 1988 con ex priístas sumados a su causa.
Al día de hoy, 11 de 24 gobernadores oficialistas antier eran priistas, según señaló el censurado primer dirigente de Morena en la Ciudad de México, Eduardo Cervantes; con Galindo serían 12. Por docena es más barato, dicen.
Y como en estos trances pesa mucho lo afectivo, alguien que ha sabido acercarse al ánimo de la secretaria Rosa Icela es el experimentado Juan Ramiro Robledo, quien vería crecer sus probabilidades en caso que Galindo, vislumbrando un escenario de tercios, se enrolara como candidato del PRIAN.
Priista destacado, Juan Ramiro renunció al tricolor y fue diputado local en 2003 haciendo mancuerna con el navista Eduardo Martínez Benavente, ambos por el PRD y por cortesía de López Obrador.
En 2009, arropado por Obrador, fue candidato del PRD, PT, Convergencia y Conciencia Popular a la gubernatura para enfrentar al panista Marcelo de los Santos, con el PRI de Sánchez Unzueta también operando en favor de Marcelo.
En 2021 fue palomeado por AMLO para ser diputado federal plurinominal siendo presidente de la comisión de puntos constitucionales, lo que le llevó a ser odiado por la derecha potosina al haber desempeñado un papel de primer nivel en las reformas obradoristas, particularmente en la desaparición de los organismos autónomos y en la reforma al poder judicial.
Esas cartas credenciales, en contraste, lo tienen en los cuernos de la luna y en los afectos de la secretaria Rosa Icela y de la propia presidenta Sheinbaum.
Durante la campaña presidencial de la doctora Sheinbaum fue Delegado político en el estado de Puebla y, al triunfo, es nombrado como Titular de la Unidad de Enlace de la Secretaría de Gobernación; cerca, cerquita, de la propia Rosa Icela Rodríguez Velázquez.
El reto de Morena es buscar la mayor unidad posible aprendiendo del pasado reciente.
La dolorosa derrota de la dirigente estatal Rita Ozalia buscando la senaduría corrió a cargo de varios actores.
Los actores externos bien identificados: el propio gobernador Gallardo y su amigo de pala, exportado de la Ciudad de México, Héctor Serrano.Y los actores internos apenas disimulados.
A pesar que a Gabino Morales le concedieron la diputación federal plurinominal, fue evidente que su equipo trabajó en favor de Ruth González. Aún hoy día, los perfiles identificados con Gabino Morales usan las redes para criticar, algunos de manera velada y otros de manera más abierta, a la dirigencia estatal de Morena, particularmente a la presidenta Rita Ozalia por su parentezco con la secretaria de gobernación.
A la ruptura de Gabino Morales con Guillermo Morales, los afines al primero ataron las manos al segundo para imposibilitar que la estructura de los “Servidores de la Nación” pudiera apoyar a Rita Ozalia, en tanto la estructura aceitada que había dirigido Ignacio Segura actuaba en completa libertad en favor de Ruth González.
Desataron la guerra al interior y algunos de sus mas visibles operadores fueron despedidos de la Secretaría del Bienestar y sus denuncias encontraron amplio eco en los medios afines al gobernador y los afines al PRIAN o malquerientes de la 4T.Pesó mucho perder esa senaduría provocando la necesidad de negociar con los Yúnez.
Con AMLO, el poder político recayó, contra viento y marea, en Gabino Morales.
Con la entrega del bastón de mando a la hoy presidenta Claudia Sheinbaum, cambió el centro de ese poder para asumirlo la actual presidenta estatal Rita Ozalia Rodríguez Velázquez.
No todos lograron verlo y, de quienes lo hicieron, algunos se han resistido a aceptar su nuevo rol en el esquema morenista, enfrentando de manera ingenua y temeraria al poder central.
Es el caso local: los afines al antes todo poderoso Gabino no se resignan.
Los golpes bajos en contra de la dirigente Rita Ozalia provienen de esa ala en su propio partido.
Más allá de las críticas al proceso interno para elegir al comité estatal, el día de hoy se viven mejores procesos de organización en el partido Morena.
Los dos dirigentes, Sergio y Rita, han coincidido en su rechazo a una alianza con el movimiento gallardista.
El reto entonces para el 2027 es mayúsculo visto el esquema de control clientelar desarrollado por dicho movimiento gallardista.
La dirigente Rita Ozalia se desenvuelve entre dos fuegos: el del lado aliado del gobernador y el del grupo de Gabino.
Pero no son los únicos.
Voceros de desertores de Morena se dedican a golpear en redes tanto a Rosa Icela como a Rita Ozalia, buscando respaldar su propia opción.
Más allá de cualquier crítica, al día de hoy, la oportunidad de que Morena gane la gubernatura de San Luis Potosí, es apostar a la unidad.
Y todo mundo habla de unidad pero, por simple lógica, solo podrá lograrse sumando esfuerzos, en los hechos, con la dirigencia actual.
El trabajo de Rita Ozalia y su comité supera el de sus antecesores y le ha dado un mayor dinamismo siguiendo la ruta marcada por la dirigencia nacional, acercando figuras antes opositoras al puro estilo de aquel AMLO, dirigente partidista, ganador. También, como se hace actualmente, creando una estructura estatal fortalecida como no se hizo en los dos comités anteriores.
Si al gobernador le doblan la mano, tendría la posibilidad de dar el visto bueno a una propuesta de Morena que le resultara menos incómoda o peligrosa para su propia seguridad futura.
Allí puede saltar la liebre menos esperada.
Todo está por verse.

