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sábado, julio 13, 2024
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LA AMISTAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES NO EXISTE

La amistad entre un hombre y una mujer, no existe. Esto es algo que la mayoría de las mujeres no entienden, –bah qué sé yo, mejor habrá que decir que se hacen las que no lo entienden, un tanto por conveniencia (cuando el tipo es terrible “simp” o arrastrado), otro tanto por vanidad, porque a todas les gusta que les acicalen el ego de vez en cuando–, pero si se trata de decir las cosas como en realidad son, por mucho que resulte incómodo o políticamente incorrecto, es la mera verdad.

La amistad entre hombre y mujer es excepcionalmente infrecuente. Tan infrecuente es, que la mayoría de los hombres, –aunque gusten de hacerse los tarados, un tanto por pena, otro tanto por creer que ocultándolo capaz se les hace efectivo el milagrito–, saben que la mayoría de sus amigas, y más si son guapas y/o simpáticas, no son más que ligues fallidos y ya está; mujeres que los han puesto o en la friendzone, y/o en los casos más terribles se ve también de tipos que por bestias se auto ponen en la friendzone descartándose ellos mismos.

Pero insisto, que os quede claro: La genuina amistad hombre-mujer, es algo tan infrecuente, que es incluso más fácil que cualquiera se saque el premio mayor de la lotería, antes que un hombre llegue a tener una amistad sincera con una mujer. Y tampoco hay porque buscarle, como se dice en la calle: Tres pies al gato, si se sabe que tiene cuatro; cuando las razones por demás evidentes. Llana y sencillamente, los sexos opuestos están hechos para atraerse y/o llamarse la atención, para gustarse, y no hay más. Es así de sencillo, como inconveniente decirlo sin filtro alguno, porque claro, reconocerlo abiertamente desata toda una serie de reacciones por el sin fin de implicaciones sociales que desata.

Lo que no quita de decir que cada y tanto habrá sus excepciones. Pero se trata justamente de eso, excepciones y nada más; singularidades que cada y tanto trastocan lo que de común ocurre. Tanto porque no todos tienen las mismas elecciones de vida, –como es que ocurre con aquellos que pertenecen a las minorías sexualmente diversas–, como porque a veces surgen circunstancias singulares que lo pueden trastocar todo, situando las posibilidades o configuraciones relacionales al límite de lo común.

Para decirlo claramente, es muy, pero muy, muy infrecuente que un hombre sea genuino amigo de una chica sólo porque sí, salvo que esta le llegue a resultar cero atractiva, o la conozca tan bien, que por más atractiva que le sea en lo físico, literalmente se le vayan las ganas de verla de otro modo, porque aunque los hombres sí que somos terriblemente visuales, aunque resulte por demás inverosímil, también tenemos algo más que sólo calentura, por mucho que rara vez hablemos públicamente de ello.

Y bah qué sé yo, estas cosas a veces también les pasan a las propias chicas, lo hagan o no evidente y/o de forma consciente o no, por la sencilla razón de que hombres y mujeres estamos hechos para gustarnos, y lo único que realmente se necesita para que semejante chispa surja, es que pasen el suficiente tiempo juntos, para que la naturaleza haga su suyo y cualquiera de los dos termine dando un paso en falso. Que vamos, negarlo no hará que deje de ser así.

Ojo, que cosas del estilo y/o incluso más enredadas ocurran de continuo dice realmente muy poco de las razonas por las que tales vínculos se desencadenan. Después de todo, en términos objetivos, que la amistad entre un hombre y una mujer suceda, es incluso más infrecuente que el hecho mismo de no que no ocurra lo más mínimo tras de convivir lo suficiente. Distinto es si por ahí las razones para que cualquiera de los dos termine descartado pueden llegar a diversificarse de tal manera, que termine surgiendo todo un modo de posibilidades para explicarse el porque ocurre una cosa y no la otra. Pero convengamos en decir las cosas como en realidad son y no como la presión social de lo políticamente correcto indica que se deberían de decir para terminar hiriendo susceptibilidades.

Ahora que bien, ojo con el tema, que las cosas sean de ese modo, no tiene porque ser necesariamente negativo. Lo que es más, si tengo que ser sincero, ahí es donde siento que se encuentra la clave de una relación de pareja que verdaderamente funcione como es que ambos lados del espectro amoroso afirman que les gustaría que las relaciones de pareja fueran.

Que por qué lo digo de este modo, verán, por las más diversas razones, ya sea de heridas emocionales heredades de la infancia, estilos de crianza recibidos, y/o contextos socio culturales, todos llevamos un cúmulo de detonantes y/o expectativas respecto a lo que las relaciones de pareja deben ser. Tales expectativas conjugan una variopinta colección de consideraciones cuyo impacto condiciona nuestras elecciones de pareja de tal modo. Que la más de las veces semejante elección por importante que resulte para la definición misma de nuestras vidas, difícilmente sigue los causes de lo lógico y/o lo esperable.

La más de las veces, tanto hombres como mujeres terminan resolviendo la elección de pareja atravesados por toda una serie de condicionalidades, que poco o nada tienen que ver con lo que lógica más llana sugeriría que es lo más razonable.
La cosa es que se lo digo o no, –tanto por razones de correctísmo político, como de moralismos mal disimulados–, en términos de elección sexo afectiva, tanto hombres como mujeres tendemos a clasificar a las personas entre las que nos atraen más y las que en automático descartamos, tildándoles de amigos.

Bajo semejante estándar, poco o nada importa si aquellos que caen en la categoría de la amistad –o friend zone, como habitualmente se la llama–. resultan o no potencialmente más razonables o emocionalmente responsables, que aquellos que mayor deseo o atracción despiertan. Y esto es así, tanto para un género como para el otro. Lo que no quita de decir con toda claridad que los detonantes de la atracción entre ambos géneros resultan por demás diferenciados. 

Pero este es un tema tan extraordinariamente complejo, que a lo sumo diré que ya habrá en otra ocasión la oportunidad de pensarlo como razón de discusión pública. Porque buena falta que nos hace socializar estos y otros temas parecidos para irle quitando al mundo de las emociones y las relaciones de pareja ese halo de misterio que usualmente le caracteriza. Estoy personalmente convencido de que cuanto más se hable públicamente de estos temas, más haremos como sociedad por mejorar nuestro desempeño en los terrenos de lo afectivo, contribuyendo con ello a mejorar la calidad de nuestras relaciones sentimentales.

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