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DE PESOS Y CONTRAPESOS

Revocación de mandato

En junio de 2020, escribí para este espacio mi punto de vista sobre el tema de la revocación de mandato. En aquella ocasión, me pronuncié sobre la necesidad de que los diputados y senadores no avalaran la iniciativa de ley enviada por el Ejecutivo Federal por varias razones. La primera de ellas, los sesgos que contiene; la segunda, la polarización que generaría entre los ciudadanos comunes, y los actores políticos y económicos del país.

Sin embargo, la tercera es más importante: López Obrador no debe irse porque de acuerdo a nuestra Carta Magna, fue electo por un periodo determinado y el encargo tiene el carácter de irrevocable. Además, el artículo 14 de la Constitución es muy claro en cuanto a la no retroactividad de las leyes en perjuicio de la persona, aunado a que la investidura presidencial carece de facultades para quitarle personalidad a quien la ocupa.

Como sea, las cámaras le otorgaron el carácter de ley a la iniciativa, adicionada con las leyes secundarias y el concepto de vinculación debidamente establecido, con el condicionamiento de la participación de un 40% de la lista nominal del Padrón Electoral, para que surta efecto.

Entonces, los “izquierdistas” y/o simpatizantes de López Obrador encabezados por funcionarios públicos de la 4T, hacen proselitismo invitando a acudir a las urnas a votar en contra de la revocación de mandato y en último caso a favor de la misma, con tal de lograr la vinculación, o al menos aproximarse a ella. Sin embargo, en este clima de polarización han levantado la voz personajes con un gran liderazgo de opinión como Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que sin estar en contra del presidente creen que es ocioso acudir a las urnas, argumentando que este ejercicio es solo para enaltecer su ego.

En contraparte, las personas de “derecha” pugnan por hacer vacío en las urnas al considerar que es la mejor decisión, para no darle más empoderamiento social a la figura de Andrés Manuel López Obrador y por considerar que un recurso de naturaleza ciudadana, mutó a prioridad gubernamental meramente populista. A favor de esta posición están los ex presidentes Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón Hinojosa; curiosamente Enrique Peña Nieto ha guardado distancia y no se pronunció sobre el tema. Sin embargo y al igual que en las izquierdas, hay líderes de opinión como Gilberto Lozano y Pedro Ferríz de Con entre otros, que promueven acudir a las urnas a votar por la revocación.

En este sentido, queda de manifiesto lo peligroso que resulta la polarización de la sociedad, porque genera un clima de odio y violencia entre los mexicanos, al ralentizar la convivencia entre contrarios, confrontar amistades y dividir familias.

Pues bien, en el hipotético y poco probable caso de que le sea revocado el mandato a López Obrador, la política interna de nuestro país entraría en una grave crisis ante la designación y elección de quien lo supliría. Y si éste se negara a dejar el cargo amparado en la premisa constitucional de la no retroactividad en su perjuicio, el resultado sería un clima de violencia e inestabilidad con revueltas sociales y conflictos jurídicos, lesionando la economía y política nacionales.

Este evento electoral tiene todavía varias líneas dignas de analizar que serán determinantes para el éxito o fracaso de la jornada. Por ejemplo, recordemos que en la elección de 2018 se emitieron aproximadamente 56 millones de votos, de los cuales Andrés Manuel obtuvo poco más de 30 millones, lo que representó el 53.17% a su favor, con una popularidad medida del 85%.

Vale mencionar que en aquel proceso también se eligieron senadores, diputados federales, algunos gobernadores, diputados locales y presidentes municipales con sus fórmulas de regidores y síndicos, lo que motivó a los electores a acudir a las urnas para manifestar apoyo a quienes deseaban como representantes; circunstancia que ahora no existe.

Asimismo, en 2018 se instalaron 261 mil casillas y en esta ocasión solo se instalarán 57 mil 513; es decir, aproximadamente el 22%. La reducción de urnas será mayoritariamente en la zona rural, donde López Obrador goza de un grado de popularidad quizá más significativo que en las ciudades, lo que modificará sustancialmente la asistencia y por tanto, los resultados.

Una más, el 10 del presente acontece un evento religioso importante para la mayoría de las familias mexicanas; es Domingo de Ramos y la prioridad es acudir a los templos a las ceremonias litúrgicas, amén de que ya es período vacacional y el tránsito de personas se intensificará.

Por último, permea la percepción de que ésta es una “elección” de Estado y que la permanencia de López al frente del Ejecutivo es un hecho, lo que representa otro elemento generador de apatía para acudir a emitir el voto.

Pero la 4T cuenta con la estructura gubernamental de apoyos ciudadanos y 18 gubernaturas que le ayudarán a operar la movilización, para potencializar el voto en contra de la revocación; estas son fortalezas que deberán explotar al máximo para lograr su propósito. Tienen el enorme reto de llevar a las urnas a 37.1 millones de votantes, que equivale al 40% del listado nominal, para que el resultado sea vinculante y se consolide el liderazgo de López Obrador, empresa por demás titánica.

La revocación ya es legal, solo falta legitimarla.

Abstenerse también es un derecho. No cabe duda que el abstencionismo será un verdadero contrapeso del poder.

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