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lunes, noviembre 28, 2022
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¡CÓMO TE VE LA GENTE!

¿Le concedes importancia a tu apariencia en tus actividades cotidianas o sólo te importa en las ocasiones especiales? ¿Vistes y calzas conforme a tus gustos y necesidades o conforme a los requerimientos de terceros? ¿Tomas en cuenta el momento, el lugar y los concurrentes para tu arreglo personal, o te causa total indiferencia lo uno y lo otro?  

Cuando con anticipación sabes que conocerás nuevas personas, es posible que pongas atención a tu ropa, a tu peinado, y a tus palabras, pensando en aquello de que: la primera impresión jamás se olvida. Entonces, si en algún momento tienes bajo tu cargo la coordinación de otras personas, también tienes la responsabilidad de transmitirles la idea de que todos los días tienes que conjugar lo cotidiano con lo extraordinario, porque todos los días pueden llegar nuevas personas a tu entorno, y debes estar preparado con la mejor imagen de ti mismo, porque para ti, la primera impresión jamás se olvida.

Cuando tienes interés en conseguir un empleo, en incursionar a un círculo de relaciones públicas determinado, o cuando buscas el respeto y la consideración alrededor tuyo, tal vez dedicas mayor tiempo a elegir tu atuendo, a corregir aquello que no te agrada, y a cuidar los pequeños detalles que te pueden causar timidez y desconfianza en tu propia actuación, pensando en la conocida frase: como te ven te tratan. Entonces, si te desempeñas ofreciendo un servicio profesional independiente; si te encuentras en atención al cliente en algún corporativo, en una oficina de gobierno, o en tu propio negocio; o si estás al frente de un grupo de estudiantes, también tienes la responsabilidad de transmitir con tu imagen personal, la idea de que tus interlocutores son valiosos e importantes en tu vida, y que mereces y exiges el mismo trato respetuoso de regreso.

Cuando de forma repentina e inesperada te obligan a incursionar en un ambiente desconocido y utilizas un outfit que te resulta incómodo; cuando sientes que a propósito de tu vestimenta, no logras congeniar entre las personas que circunstancialmente te rodean; cuando no encuadras en la situación, de la que eres víctima continua, ya que eres ampliamente superado en todos los rubros visuales por el contexto; cuando sientes que en tu persona se actualiza esa lapidaria expresión de que: la mona aunque se vista de seda mona se queda, tienes a tu alcance la palabra convertida en discurso. Entonces, para encontrar el balance necesario, puedes enfocarte en reducir los elementos que te vengan visualmente excesivos e incrementar aquellos que te generen fortaleza argumentativa. 

¿Recuerdas aquel simpático personaje “Alberto Medina”, interpretado por Pedro Infante en la película “Escuela de Vagabundos”?

Tomando como referencia esa presentación harapienta de ese personaje, su cambio notable de apariencia al portar un simple traje de chofer, y el salto abismal hacia la elegancia al usar un smoking, ¿Consideras que las apariencias engañan?

Tomando como referencia ese vagabundo que durante toda la película tiene un manejo hábil de cada situación; que, así como tiene la sutileza para tratar a una dama, tiene la firmeza para tratar a un caballero; que siempre tiene dominio de la postura de su cuerpo, de su tono de voz, de su vocabulario, del mensaje emitido, ¿Consideras que la primera impresión jamás se olvida, que como te ven te tratan, que la mona, aunque se vista de seda mona se queda?

Tanto en el servicio público como en la iniciativa privada es nuestro deber construir y conservar nuestra mejor imagen para los usuarios; la imagen que nos permita ofrecer la mejor experiencia para los clientes; la imagen visual y argumentativa que nos distinga y nos haga diferentes; la imagen que nos devuelva un trato respetuoso y digno de nuestros interlocutores.

Y a ti, ¿Cómo te ven? ¿Cómo te escuchan? ¿Cómo te tratan?

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