MIL MANERAS DE MORIR. LA LARGA AGONÍA TRICOLOR.

Recuerdo haber visto en varias ocasiones el programa “1000 maneras de morir” en el que se presentaban situaciones imprevistas e inesperadas que llevaban a personas a la muerte.

A los cercanos a mis afectos suelo desearles una vida larga, saludable y feliz.

Pero también les deseo una buena muerte.

La muerte es la circunstancia final de la vida y, en ese trance, importa la paz y la tranquilidad de nuestra conciencia.

Porque hay muertes que pueden significar un alivio a quienes sufrieron al difunto en vida.

En la política partidista pasa igual.

Sufrimos al partidazo.

Al invencible.

Al grado que cualquier discusión banal se podía zanjar, cuando uno de los participantes decía “gánale al PRI”, como diciendo que estaba por demás seguir alegando pues el contendiente siempre quería salirse con la suya.

Con las reglas electorales de su tiempo, el tricolor organizaba, operaba y calificaba las elecciones.

Para sorpresa de nadie, ganaba, de todas, todas.

Los medios para impugnar estaban bajo el completo control del estado.

Ni a quien recurrir.

Si el descontento popular se desbordaba se echaba mano de la represión brutal.

Ya cuando la presión social está a punto del estallido, se promueven reformas electorales como medio de contención.

En 1963 aparecen los plurinominales para que las minorías, mismas que no ganaban una, lograran una bancada, siempre y cuando alcanzaran el 2.5% del voto popular.

Aún así, el agandalle del priismo campeaba por sus fueros.

Para 1976 se bajó el porcentaje hasta el 1.5% con tal que la oposición agarrara una pequeña rebanada del pastel.

Eran 238 diputados y, para que todos alcanzaran, se incrementaron las curules a 400, así el oficialismo no cedía posiciones y hasta las aumentaba.

Ahora son 500: 300 de voto directo y 200 plurinominales.

Total, el pueblo paga.

El PRI, muy corrupto, pero nacionalista y heredero de la revolución, fue inoculado por el virus del neoliberalismo, perdiendo frente al PAN la batalla cultural, pues este partido conservador había nacido para proteger los fueros del poder económico y de la iglesia.

Con Miguel de la Madrid se sometieron y se entregaron a las directrices de los poderosos del planeta, siendo Reagan y Tatcher los operarios.

Trump es su continuador.

El virus desencadenó la enfermedad en los tricolores; enfermedad que hoy los tiene con un pie en la tumba.

La primera crisis provocó la fractura interna en el 88.

La Corriente Democrática había buscado recetar los anticuerpos al entonces partidazo contra la poderosa enfermedad neoliberal, pero fracasó.

Con la salida de figuras prominentes como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Rodolfo González Guevara, los anticuerpos que ya no pudiendo defender al PRI de la enfermedad neoliberal, crearon otro organismo para hacerle frente.

El Frente Democrático Nacional se fortaleció con la figura del ingeniero Heberto Castillo y su Partido Mexicano Socialista.

Ese partido cedió su registro para la conformación del PRD, y la hija de Heberto, Laura Itzel, es hoy día la presidenta del Senado en sustitución del polémico Noroña.

Hablando de muertes partidistas, el PRD cayó en manos de los chuchos en 2008 y precipitó su decadencia; Ortega ese 2008, y Zambrano lo enterró en 2024, infectado por completo del virus neoliberal. A partir del 2008, bastaron 10 años para que la enfermedad neoliberal matara al PRD

Los anticuerpos generados por el Frente Patriótico Nacional y su conversión en PRD, no pudieron acabar con el PRI, partido que va perdiendo la batalla por la vida de a poco.

Con AMLO evolucionó la vacuna anti neoliberal emergiendo Morena como nuevo organismo.

Desde 1982 a la fecha, la friolera de 43 años, el PRI está siendo devorado por la enfermedad; enfermedad de la que se abraza y que lo tiene a las puertas del panteón.

Cuando un organismo está muriendo pueden aparecer señales en su cuerpo como llagas purulentas, tumoraciones, hinchazón y más.

Alito Moreno, Moreira y sus secuaces son esas señales.

Alito llamó a una concentración en su defensa y solamente evidenció sus limitaciones.

Dos días después, la alcaldesa de la Cuauhtémoc llama a su propia manifestación haciéndose acompañar de Xóchitl Gálvez y Margarita Zavala, siendo más numerosa la manifestación panista.

Los más optimistas dicen que Alito reunió 1,800; sus malquerientes aseguran que no juntó ni mil.

La panista, según los más optimistas, aglutinó a 15 mil; sus malquerientes le conceden dos mil.

Del lado que se quiera ver, Alito ya no sirve ni al PAN.

Como enfermo terminal que en su desesperación se arranca tubos y jeringas, así Alito.

En sus estertores finales solamente ejerce el derecho del ahorcado.

El pataleo.

Lo está matando la enfermedad neoliberal.

Entre las 1000 formas de morir, la del PRI ha sido larga, larga, larga.

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