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martes, diciembre 6, 2022
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TODO EL PODER

Ayto SLP

Una de las peores experiencias que puede sufrir el ciudadano común, es convertirse en víctima de la delincuencia.

La comisión de delitos es un tema recurrente para el cine y tiene planteamientos tan diversos que, su frecuencia en la trama, sigue causando interés para el espectador.

Allá por los finales de los años noventa, el guionista, director y productor (y papá de Ximena) Fernando Sariñana tuvo un éxito sobresaliente con una historia que toca fibras sensibles de los sujetos pasivos del delito.

Sariñana presenta su película “Todo el Poder” en un momento importante del cine nacional, cuando después de una década de obras distinguidas por su alta dosis de calidad, (pero que muy pocas personas veían), las butacas de las salas de cine empiezan a ser ocupadas para disfrutar de producciones mexicanas.

Sariñana encuentra la fórmula para narrar una historia que, además de presentar actuaciones destacadas y guiones inteligentes, te divierta, te entretenga, y te haga pasar un reconfortante rato.

Uno de los elementos distintivos de “Todo el Poder”, es la selección de canciones que le ponen sabor a la historia, ya que, desde el primer momento, la supervisión musical aporta ritmo y sentimiento a lo que se ve en la pantalla. Por lo mismo, tu atención es captada de principio a fin, llevándote de forma armoniosa por las postales de la Ciudad de México, y con mucha cadencia en una aventura, que con otra musicalización resultaría trágica y deprimente, pero aquí, suaviza el exacerbado humor negro y matiza el conflicto social del que se habla.

Otro detalle es la locución, esa voz que se encarga de enviar mensajes llenos de contenido crítico y de reflexión, que acompaña el desarrollo de la historia con frases contundentes respecto a la situación de inseguridad padecida en la ciudad de México.

También cuenta con participaciones inolvidables, como aquella rutina efectuada por Miguel Galván, muy metido en su personaje que lo hizo popular en televisión, explicando un estilo bastante peculiar de vivir un hecho delictuoso. Y qué se puede decir de la interacción picaresca de Carmen Salinas, quien era capaz de incluir en sus diálogos una buena cantidad de palabras y expresiones altisonantes, propias de la emoción de la escena, pero con la cualidad de no incomodar al espectador, y, por el contrario, provocarle un grato momento hilarante.

“Todo el Poder” reúne talento actoral que puede presumir que contribuyó a darle nuevamente prestigio y taquilla a los repartos de cine, y es una muestra de la razón por la que se ha reconocido el trabajo y trayectoria de Cecilia Suárez, Demián Bichir y Luis Felipe Tovar, de quienes aquí puedes ver calidad histriónica, muy al natural, sin sobreactuación en sus respectivos personajes, y sin situaciones abstractas que luego genera la queja de que: “nadie entendió nada”.

“Todo el Poder” tiene además la presencia de actores que fueron soporte de ésta y de muchas otras historias, que sin llevar los primeros créditos de la película, conforman un entorno, sin el cual, la historia carecería de contundencia, tal es el caso de Claudia Lobo, Mario Zaragoza, Rodrigo Murray o Jorge Zárate, y si quieres hacer un ejercicio individual de flashback, aquí encuentras el pretexto ideal con las intervenciones de Ximena Sariñana y el charolastra Diego Luna, para que veas como lucían en el cine cuando eran jovencitos.

“Todo el Poder” también te puede regocijar desde diferentes ángulos, ya que, a la vez, reúne la esencia de una comedia romántica, pero, además, contiene momentos de osada acción, pero al mismo tiempo, su historia está sustentada en un tema que preocupa, que causa indignación social y que cuestiona abiertamente el sistema de procuración de justicia, de investigación policial, y de corrupción en el servicio público en la Ciudad de México de aquellos días.

Y aunque estamos hablando de una situación hipotética, todos sabemos que la realidad supera la ficción, y eso debería ser alarmante, pero, por el contrario, tal parece que la normalización de la delincuencia organizada y desorganizada le lleva amplia ventaja a la exigencia de resultados en el imaginario social, desestimando donde está contenido “Todo el Poder”.

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