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miércoles, julio 6, 2022
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¡QUÉ SE PINTE! ¡QUÉ SE PINTE!

Aquel líder sindical, digamos que se llamaba Don Juan, por llamarle de alguna forma, era cliente frecuente de un restaurante donde todos los meseros lo identificaban y lo atendían con rapidez y esmero. En este caso, eran evidentes las diferencias en el servicio de los meseros a este cliente en particular. Inmediatamente se percibía el respeto y la sumisión a un cliente, que, por su frecuencia, el monto de sus cuentas, y sus referencias personales, recibía un distinguido servicio VIP. Cuando Don Juan pedía que le llevaran una pieza de pan de las que se encontraban en la vitrina, preguntaba al mesero ¿Cuál estará bien? Y el mesero, con solemnidad respondía: Lo que usted me pida Don Juan.

Dice una conocida anécdota del dominio público, que en algún lugar solicitaban un contador público, y que durante la entrevista sobresalía una pregunta muy concreta, que por su sencillez y claridad, no admitía duda o controversia, y que la respuesta en todos los aspirantes era rotunda y contundente, porque en estos casos si quieres quedarte con el cargo no te puedes andar por las ramas durante la entrevista, no vas a tropezar con cuestiones básicas, ni a divagar de tal forma que parezcas débil de carácter. La pregunta destacada era ¿Cuánto es dos más dos? Y la mayoría se apresuraba a responder: dos más dos son cuatro. Hasta que alguien, se quedó pensando, y después de meditarlo por unos segundos respondió: ¿Cuánto quiere que sea?

En una reunión privada de trabajo (hace algunos años, pero igual y sigue sucediendo) una servidora pública (igual pudo ser un servidor público) de primer nivel, se condujo como era su costumbre con sobrada soberbia, y haciendo gala de su conocida altanería, no desaprovecho la oportunidad para recordar a cada instante su lugar en la pirámide gubernamental, para destacar su importancia en el organigrama del Gobierno del Estado, y para enaltecer su trayectoria y experiencia profesional por encima de los presentes. Fue tan exagerada en su lucimiento personal que hasta se dio el tiempo para interrumpir innecesariamente la reunión, y atender en la misma sala una diligencia hablada en inglés, para que a nadie le quedara duda de que lo dominaba a la perfección, y que reunía todas las cualidades para desempeñarse en el cargo que ocupaba. Pero por alguna razón, antes de concluir la reunión, penosamente se desvaneció su enorme capacidad para tomar decisiones, y al intentar establecer un compromiso específico, se salió por la tangente con un categórico: Lo que me diga mi jefe.

En el mismo sentido de los tres ejemplos anteriores, podemos recordar aquella escena de la película “Ustedes los Ricos”, en la que “La guayaba” y “La tostada” son interceptadas por “El hermano de la millonaria”, quien les dice que anda buscando unos motivos para pintar un cuadro y que ellas le podrían servir a las mil maravillas. Inmediatamente llegan sus respectivas parejas “Planillas” y “Topillos”, quienes encaran al intruso exigiéndole respeto para las mujeres, a lo que responde el pintor: Pero si es que solamente quería pintarlas. Dice entonces “Topillos”: El que se va pintar de aquí es usted, y agrega “Planillas” Claro ¡Que se pinte! Por lo que el pintor aclara: Es que voy a pagarles. Y Planillas insiste gritando: ¡Qué se pinte! ¡Qué se pinte! A lo que “Topillos” reconviene: Va a pagarnos. Y por fin “Planillas” concluye: ¡Qué se pinte lo que el señor quiera!

Como se puede observar en los supuestos descritos, se atiende a un interés personal, inmediato y conveniente. Nada es gratuito y sometemos fácilmente cualquier discurso idealista a la realidad monetaria. Es así de sencillo como se puede entender el comportamiento de aquellas personas que saben lo que quieren en su vida profesional. Es así como se gana un salario digno, o una recomendación, o una buena propina. Es así como se consigue un buen trabajo y se conserva. Es así como se abren las puertas del éxito, con frases sólidas y convincentes como: Lo que usted me pida patrón. Lo que diga mi jefe. Cuánto quiere que sea. Qué se pinte lo que el señor quiera.

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