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lunes, mayo 23, 2022
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¿LA INSEGURIDAD EN MÉXICO ES COSA DE BUENOS VS MALOS?

Discúlpenme si lo digo así, pero a mí no me convence esa narrativa según la cual el problema de la inseguridad en este país, es de gente buena contra mala. Porque aunque puede que en lo general no falten razones para pensarlo de ese modo, detrás del que exista gente “buena” o “mala”, significa que existe necesariamente un porcentaje de la sociedad, para la cual actuar o vivir fuera de la ley, resulta perfectamente lógico y aceptable, no sólo por los beneficios inmediatos que le reporta, sino porque rara vez se verá que quienes se pasan de listos con otros, terminen pagando por lo que hacen; que tal circunstancia sea posible, más allá de cualquier consigna moral, respecto al si está o no está bien ser un ojete con otros, implica, se lo diga o no se lo diga públicamente, que existe un Estado o gobierno cuya presencia brilla sistemáticamente por su ausencia, ni que decir de un modo de proceder, torpe, selectivo, diferenciado, abigarrado, a según del que lo invoca.

No, no es un problema de buenos contra malos, –porque ni se va arreglar deseándonos todos muy buenas vibras, ni invocando a la bondad colectiva o rezando por el bien común–, es de ausencia de legalidad, de inoperancia del Estado de Derecho. Y como ya he dicho en varias oportunidades: Si hemos de vivir en una sociedad en la que con el Estado no contamos, –como de hecho lleva siendo desde hace décadas–, en un país donde hay tal nivel de impunidad, que prácticamente ningún delito tiene la más mínima consecuencia. De ahí que más nos valdría ser extremadamente cautos en nuestro diario vivir.

Algunos sostienen que sería importante penas más severas, para atemorizar a quienes delinquen. Pero no sé sinceramente si es necesario o no poner penas más severas para disuadir. Penas por romper la legalidad las ha habido siempre, y lo más seguro es que las seguirá habiendo en lo sucesivo. El problema real en países como el nuestro con la legalidad, es que esta rara vez es efectiva, y cuando se hace efectiva, es de forma intermitente y/o diferenciada, por criterios muy diversos: estatus, influyentismo, nepotismo y muchos más.

Más claro: En México el 98% de los delitos quedan impunes; y quedan impunes no por ausencia de penas, sino porque quien delinque sabe que el Estado brilla por su ausencia; podríamos poner las penas más severas que se nos ocurran –incluso pena de muerte–, pero es un hecho que mientras no se hagan efectivas las leyes, o se lo haga de forma tendenciosa o sesgada, porque aquí rara vez se hace efectiva la ley, sería la no terminar nunca; para decirlo claramente, habría que precisar que en México la ley no rige cuando quien agrede tiene la capacidad de pagar para dejarla sin efecto, o para que se la aplique de forma benigna.

Si bien estoy de acuerdo con que nadie tendría porque verse agredido, muerto o desaparecido por el cómo va vestido o por el llevar o no unas copas encima, no se puede contar con que quienes viven de rutina transgrediendo la legalidad vayan a tenerlo presente, en tales condiciones debiera haber mayor prudencia de parte de uno mismo y desde luego, mayor cautela y/o concientización, y no se trata en lo absoluto de terminar o no culpando o revictimizando a nadie, es sólo cosa de tratar de evitar problemas innecesarios.

Por otra parte, habría que decirse que del mismo modo que revictimizar a las víctimas se ha vuelto por distintos motivos materia común, no es menos cierto también, que la prevalencia de una óptica sumamente politizada de la cuestión ha terminado de favorecer la idea de que la presencia de hombres –cuando las víctimas son mujeres–, habla por antonomasia de agresores, cual si se asumiera que el hombre por el simple hecho de ser hombre es siempre el que agrede, que es lo que el comentario de algunos conductores de unidades de transporte aluden. Y aclaro, no me siento poseedor de la verdad, pero si siento que todos, seamos hombres o mujeres, nos evitaríamos muchos problemas innecesarios si fuéramos más cautos o prudentes, vamos pues, si ejerciéramos con mayor frecuencia el autocontrol.

Que sí, ¿qué es jodido tenerse que estar cuidando las espaldas por cualquier motivo? De acuerdo; ¿qué esa no esa no es una manera decorosa de vivir? De acuerdo; ¿qué no tendría por qué ser así y que es lo que sigue de injusto no poder vivir o hacer las cosas cada cual según quisiera? De acuerdo. Pero carajo, tampoco se puede esperar que quienes viven siempre fuera de la ley vayan a tener esto y más en cuenta. Es imperativo tener en claro que salgas a la hora que salgas, y sea por los motivos que se lo haga, hay que tener bien presente que a la calle, vamos todos librados a nuestra suerte, literalmente por la libre.

Reconocer el estado de extrema fragilidad que vivimos en términos seguridad, nos exige extremar medidas. Porque será eso, o seguir viendo que lo que hoy se habla en Monterrey, por aquello del caso de Debanhi Escobar, –aunque podría tratarse de cualquier otra localidad–, se siga repitiendo en todo del país. México está virtualmente tapizado de miles de casos como el que hoy tiene a medio país hablando otra vez de una muerte de una chica. Y no me malentiendan, yo también estoy de acuerdo en que, es lo que sigue de jodido, pensar en que no se pueda ir tranquilo a la calle o sin la intermediación de terceros, pero insisto, no hay que perder de vista que el país es hoy virtualmente tierra de nadie.

Luego entonces, más valdría que nos empezáramos a tomar esto, como el auténtico campo de batalla que es, y empezar a tener en claro que con el Estado no contamos, porque está claro que las autoridades, o no quieren, o no pueden, o les tienen muy bien tomada la medida los grupos delictivos, que a no pocos los tienen literalmente en la nómina. Por lo que al final, se lo diga o no se lo diga, cobran en el Estado, pero también cobran con vayan ustedes a saber quiénes; el caso es que con semejantes condiciones, es claro que ninguno se puede contar.

Ahora bien, sólo por redondear lo que hasta aquí se ha dicho, huelga decir que la solución real de la inseguridad en México debiera por la gravedad de la cuestión y la profundidad con la que perjudica a todos, ser estructural, es decir operando una reingeniería institucional severa en los circuitos legales del Estado, para purgar de malos elementos, como también para capacitar mejor a quienes procuran la justicia y también para simplificar la ley teniendo en cuenta que la atención a las víctimas es igual de importante que la persecución de los delitos, pero estoy tan consciente que la cuestión sería en extremo compleja y que no hay en realidad los incentivos institucionales, ni las condiciones materiales necesarias para conseguirlo en el corto plazo, –siquiera en el mediano–, que aunque siga pareciendo chocante, soy de la idea de que en uno mismo está la posibilidad de cuidarse.

Que sí, que debiéramos poder vivir distinto, de acuerdo. Pero no podemos tomar recaudo a partir de lo que nos gustaría que fuera, así las cosas, insisto con que tendríamos necesariamente que ser más medidos y/o autocontrolados para evitarnos la mayor cantidad de problemas posibles; ni que decir cuando el hecho mismo de salir a la calle se relaciona con cuestiones de ocio o diversión. Y si las cosas están de plano muy graves, que ni siendo prudentes estamos a salvo, mejor sería divertirse en casa o con los de confianza en sus casas, evitando en la medida de lo posible sobre exponerse. Estoy más que de acuerdo en términos personales que semejante modo de vivir resulta indignante y no debiera ser la norma, pero no podemos esperar a que el Estado opere los cambios necesarios para tomar cartas en el asunto, de ahí que insisto en que tendríamos que ser como ciudadanos, mucho más cautelosos y/o solidarios entre nosotros mismos.

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