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jueves, julio 7, 2022
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EL REY OLMOS

Imagina que una persona se ausenta y repentinamente se hace presente, con una apariencia distinta y con un trato radicalmente diferente. La encuentras entonces con otro vocabulario y otra perspectiva de la vida, porque ya es una persona totalmente desconocida. Te sorprende semejante metamorfosis, pero no tienes la explicación de lo sucedido con este misterioso personaje, que ahora se dirige a todos desde un plano superior, con un aire de poder inquebrantable, con un discurso envolvente y paternalista.

Parece que estuviéramos hablando de una situación excepcional, de un suceso extraño y poco común, de un hecho fuera de lo ordinario, y propio de mediados del siglo pasado, porque no pensaríamos que estuviéramos hablando de un patrón de conducta frecuente ni mucho menos actual. Negaríamos que, con nuestro perfil de sociedad vanguardista, digital y moderna, somos presa fácil y apetecible para intereses ruines, mezquinos o hipócritas. Porque tal vez nos asumimos como una generación todopoderosa, con incapacidad de asombro, y con autosuficiencia en todos los sentidos.

Por eso tenemos que colocar a ese misterioso personaje en otro momento del México del siglo XX, en una zona de marginación social y económica, donde predicar puede provocar un impacto efectivo para su causa. Y será necesario asignarle a ese personaje la cualidad de liderazgo con un discurso dirigido a las masas en el que sólo él tiene en sus labios la verdad eterna, sin aceptar propuestas ni reconvenciones, sin tomar en cuenta críticas ni mucho menos negociaciones. Y será necesario descifrar a ese personaje con pragmatismo, ya que este individuo se aventura a estampar en los muros que la pobreza es virtud y verdad, cuando en realidad, en sus circunstancias, la pobreza va de la mano con la ignorancia, y sólo le funcionan al predicador como un auténtico caldo de cultivo.

Este tipo de personajes, puede pasar sin ningún pudor de la causa religiosa a la social, o de ésta a la económica. No tendrá ningún inconveniente para convertir su intención religiosa en charlatanería, ni ésta en fanatismo. Se fortalece transmitiendo su radicalismo a sus fieles seguidores, quienes, aún teniendo frente a sí la cruda realidad, adoptan sin reservas el mensaje de su “maestro espiritual”, y defienden desproporcionadamente su imagen contra todo aquél que se atreve a poner en duda sus palabras y acciones, y reaccionan como desquiciados, con una convicción inexplicable, como si todo en la vida dependiera del compromiso simbólicamente pactado con “el encantador de cerebros” que exige fe ciega de su rebaño y repudia cualquier otra muestra de interés en la vida de sus seguidores que no sea su causa, y descalifica y etiqueta con letras de denuesto a quien perturbe su doctrina.

En la era de las redes sociales, con la cantidad de información disponible en cualquier dispositivo móvil a cualquier hora del día, suena inimaginable la manipulación, la mentira colectiva y el engaño sistemático, pero un recorrido por las mismas redes, nos deja sorprendidos con el grado de respaldo incuestionable y alineamiento inmediato a una postura en particular. Resulta curioso, tanto en el mundo digital como en el mundo real, aparentar ser dueño de los propios actos, y, por el contrario, ser en realidad dócil, maleable y sumiso.

Y pensar que, a simple vista, dudaríamos del planteamiento de una interesante película de 1975 titulada “La Venida del Rey Olmos”, dirigida por Julián Pastor, y protagonizada por Jorge Martínez de Hoyos, Ana Luisa Peluffo, Maritza Olivares, Ernesto Gómez Cruz, y Roberto “Flaco” Guzmán, entre otros. Una historia donde los poderes fácticos juegan un papel decisivo para contrarrestar el fanatismo. Una opción cinematográfica para que los jóvenes ingenuos aprendan que se debe huir de los milagros que no sean ciertos…

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