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DE PESOS Y CONTRAPESOS

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DE PESOS Y CONTRAPESOS

Por Raúl Paulín Rojas

Revocación de mandato; popular juego perverso carente de legalidad.

Al inicio de su gestión, Andrés Manuel López Obrador dio a conocer a la sociedad mexicana sus intenciones de enviar una iniciativa de ley al Congreso de la Unión sobre la revocación de mandato, confiado en el histórico índice de popularidad del que gozaba; un 85 por ciento, que ningún actor político en la historia de México había alcanzado desde que las empresas encuestadoras operan en nuestro país.

Esta manifestación de inmediato provocó reacciones en la sociedad, tanto simpatizantes como detractores asumieron posturas a favor y en contra, y el tema ocupó a las plumas más brillantes de México. Todas abordaron la pertinencia e implicaciones de una posible revocación de mandato en una sociedad cada vez más polarizada.

La iniciativa representa el mecanismo ciudadano de retirar el mandato democrático y legalmente constituído, a los gobernantes electos mediante el voto popular, antes de que expire el período para el cual fueron elegidos.

La constitución marca que el presidente fungirá por un período de seis años, mismo que inicia el primero de diciembre del año en que fue electo, también prevé las formas de suplencia y los casos en que ésta aplicaría. López Obrador fue elegido para un período de seis años y cuando esto ocurrió, la revocación de mandato no se contemplaba, por lo tanto cualquier modificación a la ley no aplica para él, si no para el subsiguiente. Es un juego perverso hacer creer a la ciudadanía que la revocación de mandato lo incluiría a él. Los congresistas y magistrados lo saben perfectamente, como en el caso Bonilla.

Hoy, a un año y seis meses, la popularidad del presidente ha disminuído. Las encuestas serias dicen que las preferencias están por debajo del 50 por ciento y se torna peligroso para el país un eventual escenario de destitución, aunque la ley en la materia es clara.

Resulta preocupante entonces el evento planeado para el año 2022, cuando será sometida al escrutinio popular la figura presidencial. Si no prospera la revocación se argumentará fraude, si prospera se hará uso del concepto de nulidad de la modificación constitucional; lo que es ilegal y causará caos. Con cualquiera de los resultados el pais sufrirá un retraso más agudo del que padece ahora y será el pueblo quien sufra las consecuencias.

Los mexicanos no deberíamos permitir que este acto se lleve a cabo por las condiciones que generaría. El Supremo Tribunal de Justicia de la Nación debe ejercer un verdadero CONTRAPESO para anular esta iniciativa que difícilmente tiene cabida en el escenario político mexicano, porque es en la ilegalidad y desde la mentira donde se está gestando.

junio 3, 2020

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