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DE PESOS Y CONTRAPESOS

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DE PESOS Y CONTRAPESOS

Lecciones para incubar a un pollito soberbio y bizarro, convertido en flamante pero atropellado político.

Por Raúl Paulín

Allá por los inicios del año 1997, a Juan Manuel Velázquez Galarza, «el Famy», le nació el espiritu de servidor público y una vez que finalizó su encargo como director de Seguridad Pública Municipal, se aventuró en busca de la alcaldía de Soledad de los Ranchos. Para ello se dio a la tarea de buscar el apoyo de ciudadanos soledenses que le prodigaran respaldo tanto político como económico. De este modo -y tal como lo diría un encumbrado personaje albiazul-, gastando suela, sudor y saliva, se encontró frente a las puertas de una granja de pollos ubicada en la colonia La Constancia; sí, esa que están imaginando, aquella propiedad del para entonces mediano empresario Ricardo Gallardo Juárez.

Como parte de su labor de convencimiento para lograr sus propósitos, «el Famy» le prometió al empresario de los pollos hacerlo candidato a la alcaldía por el Partido Acción Nacional, para el trienio subsecuente. Logró convencerlo y por supuesto, llegaron a acuerdos; el candidato obtuvo los favores que necesitaba de Gallardo Juárez para su campaña, a cambio de posicionar a éste en la carrera del PAN para los próximos comicios municipales. Fue en aquellos tiempos y contexto que ingresó a las filas del blanquiazul un imberbe Ricardo Gallardo Cardona, hijo del aspirante a presidente municipal; fue allí también donde conoció a su ex esposa, la panista por herencia Patricia Juárez Alejo.

Entonces, Velázquez Galarza ganó por primera ocasión la presidencia municipal por el PAN en Soledad y al paso de los meses o no pudo, o simplemente se arrepintió de sostener la promesa de apadrinamiento a Gallardo Juárez, dejando a éste sumamente frustrado. Sin embargo, el tiempo ayudó a éste a madurar la idea de participar en la carrera electoral del municipio y en 2006 decidió competir bajo las siglas del sol azteca, teniendo como contrincante a quien apoyó nueve años atrás, mismo que lo derrotó pero no logró menguar su ánimo. Aquel fue el segundo período de «el Famy» en la presidencia municipal de Soledad de Graciano Sánchez.

Finalmente, el señor de los pollos logró llegar a la alcaldía soledense en 2009 por el PRD, derrotando a su contrincante panista y entonces delfín de Velázquez Galarza, el notario público Gerardo Zamanillo Olvera.

Por aquellas fechas irrumpió en la vida pública del municipio, el novel hijo de Gallardo Juárez, quien ya para entonces manifestaba su deseo de heredar la alcaldía en posesión de su padre y lo logró. Ricardo Gallardo Cardona fue electo presidente municipal de Soledad en 2012 por el mismo partido que había postulado a su padre, comenzando una carrera política vertiginosa y atropellada, cada vez con mayores y desmedidas muestras de soberbia y altanería, como la manifestación de llegar a la gubernatura del Estado a como diera lugar.

Ya en 2015 y estando en el ocaso de su gestión municipal, solicitó licencia al Cabildo para ausentarse de sus responsabilidades, con la finalidad de buscar la máxima investidura del Estado por el PRD, pero fue detenido por la entonces PGR bajo cargos ampliamente ventilados que hoy lo tienen nuevamente al borde de la reaprensión. En aquel momento tomó el mando como presidente interino de Soledad uno de sus incondicionales: José Luis Fernández Martínez, mismo que soltó la propuesta al Cabildo de «inmortalizar» al edil en desgracia y les solicitó aprobar que una de las principales vialidades del municipio, llevara el nombre de Ricardo Gallardo Cardona.

Fue así que antes de concluir el trienio y para satisfacer el inflado ego del joven alcalde con licencia y preso, en un franco alarde de soberbia y claro desafío a las autoridades, en sesión de Cabildo se ordenó el cambio de nombre de Avenida San Pedro a Ricardo Gallardo Cardona, fijándose el acto correspondiente para el 18 de noviembre de 2015 a las seis de la tarde; día y hora de nacimiento del hoy diputado federal. Se trató de un bizarro regalo de cumpleaños para un edil tras las rejas, un acto más de soberbia de la gallardía y una clara demostración de dominio sobre el Cabildo, al desaparecer el nombre de un personaje milenario reconocido en el mundo entero, e imponer en su lugar el de un individuo privado de su libertad que no ha aportado sustancia al pueblo soledense y mucho menos al potosino, con el falso argumento tan socorrido en política: «A petición de los habitantes de dicha rua o porque el pueblo así lo ha querido…»

Acto seguido, llegó por primera vez a la alcaldía el ingeniero Gilberto Hernández Villafuerte y una de sus prioridades fue darle cumplimiento al mandato edilicio. De inmediato mandó a imprimir en metal y color amarillo pollo -acorde al partido que entonces representaban-, las placas alusivas al nuevo nombre y puntualmente las colocó con bombo y platillo en el día y la hora señalada. Y se consumó lo que solo puede ser llamado felonía.

Tres años más tarde, el 20 de diciembre de 2018, otra vez en sesión de Cabildo y por unanimidad, atendiendo una supuesta solicitud del personaje aludido, se devolvió su nombre original a la Avenida San Pedro, quedando como prueba el acta correspondiente. El mandato debió ser ejecutado por el área administrativa, en cuyo caso recayó directamente sobre el edil Villafuerte, quien no movió un dedo; las placas amarillas continúan en su sitio. ¿Será que el dos veces presidente municipal desacató un mandato del cuerpo edilicio también por soberbia? ¿O el cambio de nombre sólo fue una simulación más? Cualquiera que sea la causa de esta omisión, lo que se vislumbra solo es ignorancia, complicidad y/o apatía de los miembros ayuntos, al no exigir o denunciar ante el Congreso del Estado al alcalde, por desacato.

Y las interrogantes continúan: ¿Será acaso esto otro acto anticipado de campaña? ¿Tendrá finalmente el Cabildo los arrestos para ser el CONTRAPESO del edil y quienes lo pusieron donde está?

Ya habrá tiempo de comprobar la materia de que están hechos los miembros del cuerpo colegiado y en especial los opositores. Mientras tanto, los ojos de los vecinos soledenses somos testigos del cambio de color en el paisaje municipal, ahora inundado de un verde ficticio; otra bizarra práctica gallardista.

julio 28, 2020

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