A fines de enero de este año, Donald Trump declara emergencia nacional en contra de Cuba afirmando que lo hacía para proteger la seguridad de Estados Unidos amenazada por las acciones malignas del gobierno cubano.
Cuba es un peligro para Estados Unidos porque facilita a Rusia, China, Irán, Hamás y Hezbolá el desarrollo de infraestructura, así como capacidades militares y de inteligencia, dijo, y activó medidas excepcionales para responder a las amenazas.
Cuba sí es un peligro, pero no para el pueblo norteamericano o algún otro; lo es para el discurso de los grandes capitalistas, los plutócratas, que tienen en los gobiernos de Estados Unidos e Israel a los brazos políticos ejecutores de todo aquello que vean como un riesgo contra su hegemonía.
La Marina, fuerza aérea y terrestre de Cuba apenas ronda unos 60 mil efectivos regulares con un equipo que data de la época soviética.
Ni siquiera pensar que tengan bombas nucleares.
Si preguntamos en la red quién fue el dictador más grande de Cuba, la respuesta no es Fidel Castro.
La respuesta es Fulgencio Batista, contando con el apoyo financiero y militar de Estados Unidos a quienes entregó la industria azucarera, del tabaco y dos terceras partes de la tierra cultivable.
Para variar, la mafia de Estados Unidos controlaba drogas, prostitución y casinos, en tanto Fulgencio reprimía a estudiantes, sindicalistas y comunistas.
La tortura y el asesinato no lo manejaba cualquier cártel, lo hacía el gobierno.
La pobreza, sobre todo en las zonas rurales era extrema, el analfabetismo y la falta de acceso a la salud, eran la constante.
Hasta que en 1959 triunfó la revolución.
El aparato de inteligencia gringo de entonces informó al gobierno que el régimen revolucionario caería solo y, para ayudar a esa caída, bastaría con imponer restricciones económicas y comerciales.
No funcionó y se decidieron por el embargo.
Las crisis de 1980 y 1994 provocaron salidas masivas de cubanos hacia Estados Unidos donde eran tratados en un régimen de excepción que les favorecía por sobre el resto de migrantes de otros países con la intención de que sirvieran como propaganda del paraíso americano entre sus familiares que seguían en la isla.
El peligro que representa un estado socialista con un partido comunista es que, a 145 kilómetros de distancia, un pequeño país demuestre que su propuesta sí funciona.
Cuba logró que se le reconozca como un territorio libre de analfabetas mientras que en Estados Unidos el 14% de la población adulta, 32 millones de personas no pueden leer y otros 43 millones tienen dificultad para leer y escribir. La educación universitaria en Cuba es gratuita y accesible.
El sistema cubano de salud pública es admirado en el resto de países y el índice de mortalidad es de los mas bajos del mundo.
Cuba forma parte de los 20 países que alcanzaron la paridad de género entre investigadores científicos; desarrolló vacunas propias para tratar el covid, la meningitis B, la hepatitis B o el cáncer de pulmón; es de vanguardia para tratar el pie diabético, anticuerpos contra el cáncer; erradicó el paludismo y controló enfermedades transmisibles.
Masificó el deporte y se convirtió en potencia mundial en boxeo, atletismo, lucha, beisbol y voleibol.
En 1991 superó a Estados Unidos en medallas de oro de los Juegos Panamericanos: 140 de Cuba contra 130 de Estados Unidos.
Ha podido enviar brigadas médicas y educativas a más de 30 países, destacando su apoyo a países africanos.
En universidades cubanas se han podido graduar decenas de miles de jóvenes africanos.
Cuba ha sido un invaluable ejemplo de hermandad entre los pueblos.
Muchos logros, pero pudieron ser muchos más si no tuviera qué cargar con bloqueos y embargos comerciales.
Este es el peligro que representa Cuba.
Mostrar que su sistema funciona.
Ah, pero los medios occidentales han acusado siempre que Fidel Castro era súper millonario, que era un represor y que no se permiten las libertades individuales.
Imagino que se refieren al derecho de cada quien por ser pobre o rico, explotado o explotador.
“El gobierno mete a la cárcel a la oposición”, gritan quienes tienen la prisión militar de alta seguridad de Guantánamo, en el propio suelo cubano, manteniendo presos sometidos a torturas, vejaciones y tratos crueles, sin cargos probados y sin juicio.
Como el abusón del barrio presiona, a los países débiles a no juntarse con Cuba ni a mantener tratos comerciales.
67 años ha soportado Cuba.
Ha sido posible por la educación, por la cultura política y su patriotismo.
Otros países soportan menos.
Se doblan.
La crisis de los Estados Unidos les orilla a ahorcar a todo mundo y la situación parece insostenible.
Durante 67 años han inundado de propaganda de odio y temor contra Cuba.
A nadie ha dañado Cuba, pero existen en todos los países latinoamericanos quienes sienten rechazo enfermizo.
Dicen que están así por culpa de su gobierno.
No son tan culpables estos desorientados; después de todo son penetrados culturales adoctrinados por la prensa, los medios y la clase política que en cada país es entreguista y apátrida.
Los quedabién que estiran la mano al Banco Mundial, al BID, y a otros organismos financieros de la usura internacional que mantiene a los pueblos en deuda eterna.
“Pórtate bien, te prestamos dinero, te cobramos con intereses y, si no puedes pagar, te prestamos para que con el nuevo préstamo me pagues”.
No es casualidad que países invadidos a lo largo de la historia moderna no tenían deuda con la usura mundial.
Un proverbio árabe dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo; igual funciona si se dice que el amigo de mi enemigo también es mi enemigo.
Gobernantes amigos de Cuba, si tienen enemigos en su país, estos enemigos también la agarran contra Cuba.
Así está el abarrote.
Quiero tener la esperanza de que, como humanidad, todavía podamos salvarnos.

