LOS BENEFICIARIOS DEL NARCO. A LOS ANALFABETAS POLÍTICOS LES CUENTAN LAS MUELAS.
Andan por aquí, cerquita, conciudadanos ilusos creyendo que los vecinos al norte se preocupan por nosotros y que andan poniendo remedio.
La caída de “El Mencho” ha generado las mas variadas versiones e interpretaciones, acomodadas al interés político de quienes las construyen.
Opinan desde aquellos que nada saben pero que sirven para repetir de acuerdo a sus vísceras, hasta quienes sí saben, pero cuya visión se encuentra politizada porque fueron desplazados de las mieles del poder.
Todo es blanco o negro.
Los opositores culpan al ex presidente López Obrador; aún morenistas con cierto grado de resentimiento por algún interés personal no satisfecho. Éstos podrían decir que anduvieron desde el principio, se refieren al desafuero, que fueron fundadores y que antiguos priístas o panistas tienen los cargos mientras ellos se consideran marginados.
Los afines al régimen actual, en tanto, enderezan las baterías hacia Calderón Hinojosa; hasta su hermana Cocoa entró en tratos con “La Tuta” en su lucha por gobernar Michoacán.
Una definición de política pudiera ser que es el arte de lo posible. AMLO actuó de la única manera posible para avanzar en su cruzada.
Profundo conocedor de México y su historia, resulta imposible imaginar que no tuviera idea del tamaño de este flagelo, no solo en nuestro país, sino en la humanidad toda.
Estudioso de los fenómenos sociales, no en balde egresado en Ciencias Políticas por la UNAM (1973-1976), debió saber que no estaba en manos de ningún gobierno combatir con resultados a corto plazo al crimen organizado; hacerlo significaba atentar de veras contra los altos potentados del mundo.
Basta seguir la ruta del dinero.
O, como espetó Clinton a Biden en pleno debate por la presidencia gringa: “es la economía, estúpido”.
Alfredo Jalife, aparte de sus pleitos con un sector del oficialismo, es un reconocido analista de la política mundial: analista geopolítico, para que se lea apantallador.
Y apunta que el dinero del narcotráfico no se queda en México en su mayor volumen; su destino es el sistema financiero global.
Bancos de multinacionales blanquean cientos de miles de millones de dólares manchados de sangre.
Quienes se solazan colgando medallas y lanzando loas a la DEA, a la CÍA, y a Trump, quedarían con el ojo cuadrado si escucharan a estudiosos en el tema sosteniendo que los cárteles están controlados por los grandotes del sistema capitalista y que su regulación está a cargo de esas agencias del gobierno estadounidense.
El tráfico de armas es otro factor necesario para imponer el negocio del narco por la fuerza y el terror.
Y un negocio por sí mismo.
El tráfico de drogas y de armas tiene larga data en México.
Y las complicidades de la clase política como estampilla.
El ex presidente Luis Echeverría tuvo un cuñado en estas danzas.
¿Lo sabría él? Casi podríamos jurar que sí. Casi asegurarlo, al menos.
El hermano de la entonces primera dama doña Esther Zuno se llamaba Rubén.
Entre 1923 y 1926 el papá de estos hermanos, José Guadalupe Zuno, fue gobernador de Jalisco.
El presidente Luis Echeverría nombró a su cuñado Rubén como Vocal Ejecutivo de la Conasupo, con acceso a grandes camiones de carga y hasta avionetas; quienes le pusieron el dedo atestiguaban que usaba los transportes para traficar mariguana y que habría asesinado a dos judiciales de la federal.
En una casa que había sido de Rubén Zuno secuestraron y torturaron al agente de la DEA, Quique Camarena.
En 1989, el capo Miguel Ángel Félix Gallardo y Rubén Zuno fueron condenados por el gobierno de Estados Unidos, y Zuno condenado a cadena perpetua, murió en una cárcel de Florida tras 23 años preso.
Durante la guerra fría, en el centro y sur de América, la Operación Cóndor sirvió, con el respaldo, orientación y guía de la agencia central de inteligencia gringa, la CÍA, para reprimir a todo el que oliera a izquierdista, fortalecer las dictaduras y derrocar gobiernos (como el de Salvador Allende en Chile).
De pasadita, se dio impulso a las redes del narcotráfico, mismas que se convirtieron, en muchos casos, en verdaderos ejércitos paramilitares para combatir a los grupos guerrilleros y manejar el negocio de la producción y trasiego de las drogas.
Cuando el Senado gringo prohibió que se destinaran dolaritos para financiar a las guerrillas de derecha en Nicaragua, conocidas como “La Contra”, la CÍA traficó ilegalmente armas a Irán para obtener dinero y dotar a “La Contra” de armamento, además de traficar cocaína y crack para el consumo de los norteamericanos en Los Ángeles y la costa oeste de los Estados Unidos.
Sí, el propio pueblo norteamericano pagó parte de la guerra en Nicaragua, envenenando a su juventud con las drogas.
Para financiar la guerra contra Vietnam se disparó el consumo de mariguana entre la gringada, pero con el gobierno gringo culpando al mexicano. Por algo Díaz Ordaz les puntualizó: “México es el trampolín pero ustedes son la alberca; cierren su alberca y se acaba el trampolín”. Bueno, yo creo que el trampolín también era de los gringos.
Ya con López Portillo, los gringos intervinieron con el llamado “Plan Cóndor”.
En Plan Cóndor en México se ensañó contra campesinos, activistas, sindicalistas y contra todo opositor social para salvarnos, decían, del comunismo.
Y tampoco faltaron las conexiones con el narcotráfico.
Antes del temido Cártel Jalisco Nueva Generación de “El Mencho”, surgió el Cártel de Guadalajara con su líder Miguel Ángel Félix Gallardo, que se consolidó durante el sexenio de Miguel de la Madrid afianzando el negocio criminal con rutas que llevaran el veneno para ser consumido por el pueblo norteamericano.
La DEA es una Agencia para el Control de la Drogas.
Debiera ser una Agencia para la Erradicación de las Drogas.
En su nombre está dicho todo.
Las acciones mediáticas contra los cabecillas son eso: medidas de control.
Cayó “El Chapo” y su cártel sigue con su hijo Iván Archivaldo; cayó “El Mayo Zambada” y el sucesor es su hijo Ismael Zambada alias “El Mayito Flaco”; cae “El Mencho” y su sucesor puede ser su hijastro o su yerno.
Las agencias gringas operando para que los cárteles no olviden quienes son los dueños del negocio.
Puros ajustes entre los cabecillas pero el negocio sigue.
El combate al narco es parte de un engaño monumental al votante del propio Estados Unidos y al resto de ciudadanos del mundo que todavía comulgan con piedras de molino.
El articulista Abraham Nuncio señala que, en el colmo del cinismo, el victimario se declara víctima y a sus víctimas las acusa de victimarios.
José Alfredo Jiménez lo diría cantando “échame a mi la culpa de lo que pasa, cúbrete tú la espalda con mi dolor”.
El primer envenenado por este negocito criminal es el pueblo gringo que pone los muertos por el consumo; en México y el resto del mundo también ponemos los muertos.
La desaparición de la URSS quitó peso al pretexto intervencionista gringo en su considerado patio trasero, que es de México hasta la Patagonia ya que para apanicar y someter gobiernos, la excusa del comunismo ya no engaña a nadie.
AMLO fue tildado de comunista cuando aquello de “un peligro para México”.
“Es un comunista”, escupían; “es otro Castro, otro Chávez, otro Maduro,…”
Pero, después de combatirse la evasión fiscal, de disminuir la brecha de desigualdad invirtiendo en programas sociales, resulta que los 22 multimillonarios mexicanos incrementaron su riqueza a niveles históricos con sus bancos rompiendo sus propias cifras de ganancias. Hasta 3.9 billones de pesos en sus manos.
Por algo los machuchones dejaron a Salinas Pliego chiflando en la loma solo y su alma, y no falta el señalamiento de que el cuatroteísmo es de continuidad neoliberal.
La bandera oligarca de moda para amagar gobiernos y someterlos a los intereses capitalistas ahora es el narcotráfico: “narcogobierno, narcopartido, narcopresidente, narcopresidenta…”
Unos genios que traen a la mente al Cuco, ese pájaro que deposita su huevo en nido ajeno y es empollado y mantenido por padres ajenos al engaño que ven a la cría crecer más que ellos.
Creo que AMLO gobernó consciente del tamaño de este problema; de los hilos que mueven al negocio de muerte y destrucción.
Estoy convencido que no combatir a los cárteles fue una decisión política correcta porque enfrentar a la violencia con violencia es perder perder, sabiendo quiénes manejan los hilos de ese negocio.
Calderón dijo declarar la guerra al narco y lo multiplicó; prohijó y fortaleció a grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación con el ahora presente Nemesio Oseguera, la Familia Michoacana, los Caballeros Templarios de la Tuta, los Zetas, el Cártel del Noreste, el Cártel de Santa Rosa de Lima, entre los más destacados. El Cártel de Sinaloa alcanzó gran auge con Calderón y el del Golfo con Fox y Calderón.
900% aumentaron los grupos criminales con Calderón.
AMLO decidió irse a las causas.
Era guerrear o gobernar.
El único político que ha visitado en campaña y como presidente a los 2,478 municipios y delegaciones del país.
Muchos de ellos más de una vez.
Claro que sabía, como sabíamos muchos, que el cáncer social había hecho metástasis alcanzando a todos los niveles de gobierno y sus políticos, de cualquier color, a las fuerzas del orden, a empresarios y, por supuesto, a las familias más pobres que, como al perro más flaco, se le cargaban todas las pulgas.
Cualquier presidente municipal que fuera extorsionado, si pedía ayuda federal se topaba con pared; debió aprender a ¨nadar de muertito”, no por indiferencia, por definición política.
La clase política de todo color se acomodó a las circunstancias: presidentes municipales y gobernadores en tratos con las mafias o hasta siendo parte de ellas y llegando a ser autoridad en funciones.
El proyecto de fondo de López Obrador estaba contra el tiempo.
Si se hubiera respetado el proceso político en 2006 no habría encontrado tanta descomposición, pero Fox y Calderón equivocaron el tratamiento, por decir lo menos.
La presidenta Sheinbaum, hechura de Obrador, recibe la papa caliente.
Y también opta por combatir las causas apoyando a la juventud para alejarla en lo posible del narco.
Pero su gobierno, como el de los hermanos americanos del centro y del sur, está bajo el asedio de una potencia en crisis cuyos coletazos no dejan títere con cabeza.
Antes era el comunismo y hoy es el narco.
En el fondo es el despojo a los pueblos.
La oposición carente de toda autoridad moral, de capa caída, prefiere andar de queda bien con el gobierno gringo con la idea de que la tenga presente “para lo que se pueda ofrecer”.
Antes iban a la Francia imperial para traer un príncipe europeo.
Para terminar, creo que luchar desde abajo por recuperar el régimen de pensiones solidario, intergremial e intergeneracional es legítimo y válido.

